Por: gzorzoli   -  En: Articulos   - 

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Entrevista publicada en el Blog «La Gaceta del Buenos Aires» el 2 de Marzo de 2019

La Gaceta del Buenos Aires Un sitio para compartir y debatir ideas sobre educación desde el Colegio Nacional de Buenos Aires. “La Gaceta… será una tribuna de doctrinas con bastante doctrina de tribunas”.

Entrevista a Gustavo Zorzoli

“Nunca busqué consenso entre los docentes”

A días de dejar su cargo como Rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, Gustavo Zorzoli realiza un balance de su gestión y recorre diversos temas en una conversación exclusiva con La Gaceta del Buenos Aires.

LGDBA: ¿Qué aspectos destacás de tus dos gestiones al frente del CNBA?

GZ: El primer mandato fue una época en la que se hizo un trabajo muy importante en el Consejo de Escuela Resolutivo [CER]. Salieron resoluciones muy importantes. Entre ellas, la modificación del plan de estudios de sexto año, que se pensó para retener a nuestros estudiantes de quinto que se iban casi en forma masiva a cursar el CBC. Allí trabajaron todos. Hubo acuerdo -más que consenso, porque salió por unanimidad- y pudimos trabajar articuladamente con el Rectorado de la Universidad (en aquel momento dependíamos de la Secretaría Académica; luego, la creación de la Secretaría de Educación Media provocó un cambio en la relación con Viamonte [el Rectorado de la UBA] porque cambiaron los interlocutores.). Y después se trabajó mucho durante ese primer mandato con relación a la situación de los alumnos libres. Me parece que eso fue interesante, más allá del producto final y de los acuerdos o desacuerdos, porque se puso el foco en que era necesario de alguna manera disminuir la cantidad de libres. Cuando yo llegué, el primer año habían quedado 250 pibes libres. Un numerote pensando que había poco menos de 1900 alumnos (era más de un 12 por ciento). Eso hay que pensarlo en el contexto del año que habíamos atravesado, el último año de Virginia [González Gass] y esos seis meses de Rosita [López de del Águila]: habíamos perdido infinidad de días de clase y vivido una situación de poca institucionalidad. También salieron del CER la beca Houssay y la beca López del Carril para el ingreso. Hubo muchas cuestiones que se discutieron. Creo que fue una etapa en la cual nosotros miramos a los pibes y miramos las necesidades que tenían. Otra de las modificaciones que saqué yo como rector, que creo que es la perla negra de este rectorado, es marzo dos [un tercer turno de mesas de exámenes luego de diciembre y febrero-marzo], por lo que me han criticado en forma devastadora. Creo que es la crítica más fuerte que me hicieron. Fue al inicio, pero yo tenía una responsabilidad muy importante: tenía que poder resolver la salida de 250 pibes.

LGDBA: La tensión con algunos docentes tal vez se basaba en que, luego de la obligatoriedad de la educación de nivel medio sancionada en 2006, algunos podían seguir pensando que la escuela se podía dar el lujo de expulsar sin hacer nada al respecto.

GZ: Yo fui director de Enseñanza Media en la Ciudad de Buenos Aires en 2005. Cuando se hablaba de inclusión y calidad, ése era el orden de prelación: primero adentro y después vemos de cuánta calidad hablamos. Pero primero era la inclusión. Yo sabía que estaba en un colegio donde ni siquiera hablamos de calidad: hablamos de excelencia. Estamos en otra órbita: la calidad se puede cuantificar; sin embargo, o sos de excelencia o no lo sos. Pensar en la excelencia con inclusión -porque éste era el orden de prelación acá- fue una discusión muy fuerte. Por eso todas las medidas tenían que ver con esto. Cambiamos sexto año para que se queden más alumnos; les damos más oportunidades de evaluación para que haya más posibilidades de promoción; pensamos en que los pibes de cuarto y quinto se queden a terminar con su cohorte porque han demostrado que han sabido atravesar determinados años; sacamos las correlatividades porque en la escuela secundaria no tienen sentido.

LGDBA: Estas medidas que tienden a la inclusión estaban centradas en los y las estudiantes, pero no en reflexionar, por ejemplo, sobre las prácticas de evaluación.

GZ: Nosotros lo hicimos al principio: hicimos un taller bastante importante con con los Jefes de Departamento junto a Alicia Camillioni.

LGDBA: La búsqueda de consensos es un aspecto de tu gestión que fue más delicado entre docentes que entre estudiantes. Mencionaste que medidas como marzo dos tuvieron el apoyo de los estudiantes y no el de docentes; eso pasó también con otras propuestas de reformas.

GZ: Nunca busqué consenso entre los docentes. No fue una estrategia. Yo tenía un perfil: hace 32 años que trabajo en el Colegio. No venía de afuera. Tenía un conocimiento muy importante de mucha gente. Era parte, estaba adentro, sabía con quiénes iba a trabajar. Y sabía que estas medidas vinculadas con la inclusión, con contener a los pibes, con darles mayores oportunidades, iban a ser muy difíciles de consensuar en el corto plazo. Y yo tenía que tomar medidas de gestión inmediatas. Yo llegué el 1º de febrero y el 15 de marzo se iban a quedar libres 250 pibes y yo no estaba dispuesto a pagar el costo pedagógico de dejar que eso sucediera sin tomar ninguna resolución. Y en ese tiempo era imposible construir un consenso, sobre todo en las condiciones en que estaba el Colegio Nacional a fines del 2010: veníamos de una situación de conflicto, de mucha desconfianza, de un rector que llega con el apoyo de una minoría docente en términos de votos… Más allá de que la mayoría de los docentes se relacionó muy fluidamente con la Rectoría.

LGDBA: En ninguna de las dos elecciones durante tu gestión se pudo plasmar una mayoría docente en el CER cercana a la Rectoría.

GZ: Yo siempre perdí las elecciones porque -otra vez- nunca busqué el consenso. Uno paga consecuencias de eso, pero es a conciencia. Hubo una elección en la cual perdí la mayoría y me quedé con una minoría; sin embargo, seguí gestionando. Tanto es así que cuando llegó el momento de la reelección logré tener mayoría con dos miembros provenientes de distintos sectores. Pareciera que en algunos momentos importantes el consenso se logró…

LGDBA: ¿Qué evaluación hacés del rol asignado a las Vicerrectorías?

GZ: Yo creo que el colegio tiene instalado per se un modelo de gestión verticalista. Lo voy a describir con una anécdota. Algo que pasa en este colegio, que no pasa en otras reparticiones, es que todo lo que se presenta por Mesa de Entradas pasa por la Rectoría, sin importar a quién esté dirigido. Las notas las leo yo primero y pongo “visto” y “pase”. Es como una señal, una marca para que el que reciba la misiva sepa que el rector sabe de qué se está hablando. Es algo instituido y no te lo podés sacar de encima. No hay manera. Yo intenté. ¿Qué me importa si un alumno le pide una revisión a un profesor? Está tan instalada la administración de esa manera que todas las dependencias funcionan con ese ritmo.

LGDBA: ¿Pero eso no tendrá que ver también con la personalidad de los vices? Vicerrectores más autónomos podrían tomar más decisiones.

GZ: No, porque ni siquiera le llega la información al Vice. Y eso mismo se reproduce en otras dependencias.

LGDBA: ¿Con qué criterio armaste tu equipo de gestión?

GZ: Tener confianza en la persona. Desde mi perspectiva -por ahí me demuestran lo contrario-, este colegio no se puede gestionar y conducir simplemente con cuatro excelentes gestores educativos. En principio porque la Vicerrectoría tiene que tener unidad de criterio. No puede ocurrir que, ante un mismo hecho o hechos muy similares entre alumnos, a un pibe del turno mañana le computen la inasistencia, al otro se la computen pero se la justifiquen y al otro no se la computen, que era lo que pasaba en algunos momentos de la historia del Colegio. Tiene que haber una unidad de criterio y para eso hay que trabajar en la Rectoría muy seguido con todos para poder llegar a acuerdos -no a consensos-.

LGDBA: En ese armado de gestión, ¿qué importancia les diste a los Jefes de Departamento?

GZ: Ahí sí logré un consenso muy importante. Cuando yo arranqué conocía a todos los jefes porque eran de trayectoria importante y a los pocos meses hicimos la elección formal de todos. Era bastante desprolija la constitución de los departamentos. No había normas. Al no haber normas era bastante aleatorio cómo se remuneraba a los Jefes de Departamento. Un departamento más chico podía tener muchas más horas de jefatura que otro, o un departamento sin laboratorio podía tener subjefe y el que tenía laboratorio no… Entonces ahí se discutió bastante. El primer año fue un año de mucho trabajo en términos de normativa porque no estaba casi nada normado. Entonces empezamos a encontrar una estructura. Ahí hicimos lsa elección de jefes y tuvieron muy buenos resultados. Yo te diría que más de la mitad de los jefes fueron jefes que trabajaron y consensuaron rápidamente con la gestión y eso creció con el tiempo. Tanto es así que hoy puedo decir que de los 18 jefes tengo excelente relación con 15 de ellos. O sea, una mayoría abrumadora para la gestión y, por eso, a pesar de tener una oposición política muy fuerte tengo un apoyo académico muy fuerte.

LGDBA: Entonces hubo una disociación porque ese apoyo de los Jefes de Departamento no se trasladó para nada al resto de profesores.

GZ: Me parece que en el Colegio -y está bien eso- nunca tenés apoyo total porque es una manera de controlarte. Yo no me puedo quejar de esa falta de apoyo. A lo largo de estos ocho años, a medida que perdí representación en el CER, el CER se transformó en un lugar de discusión y no de producción. No importaba qué se estaba discutiendo si no era la discusión misma. Se transformó en un lugar de solamente política. Claramente tiene que haber política, pero la política sola quita efectividad. Y la verdad es que, mirado a la distancia, veo que se perdieron oportunidades.

LGDBA: El proyecto de reforma del uso del espacio colegial fue una iniciativa tuya que no tuviste intención de pasar al CER…

GZ: Tenía claro que no iba a pasar. Digamos que hay algo que pasa en este colegio: es muy difícil mover a su comunidad. Yo diría que los graduados son los más reactivos a cambiar algo, luego los pibes y en última instancia los docentes. Los docentes tienen algunas otras cuestiones que los atraviesan.

LGDBA: Con respecto al plan de estudios, en tu segundo proyecto de Rectoría planteaste la voluntad de discutirlo y cambiarlo. ¿Eso los estudiantes lo impulsaron y los docentes, de alguna manera, lo detuvieron?

GZ: Yo no sé por qué no inicié la reforma del plan de estudios apenas asumí el segundo mandato, que es lo que tendría que haber hecho, con un CER con un apoyo docente de cinco miembros. Yo tendría que haber arrancado con eso. Lo que pasa es que eso también se conjuga con la creación de la Secretaría de Enseñanza Media (recuerden el lío que se armó con su proyecto de cambio del régimen de promoción y las dos previas). En ese momento Viamonte iba en una dirección y Bolívar iba en otra (a pesar de que son perpendiculares…). Yo estaba pensando en una reforma del plan de estudios que miraba más a mediano plazo y Viamonte estaba -a mí me parece- mirando la coyuntura. La cuestión es que pasaron los dos primeros años y yo pierdo la elección. No saco ni minoría, con lo cual hay que hacer dos años, terminar el mandato, y listo: ya no hay reforma del plan de estudios. Y ahí vienen los pibes y me plantean que quieren cambiarlo. Yo creo que los docentes nunca creyeron que fueran los pibes los que querían el proyecto y pensaban que en realidad era yo el que estaba usando esa movilización interna de ellos. La verdad es que yo no tenía esa intención. A fin del 2016 los pibes me vienen a ver porque a fines en diciembre tienen una propuesta de cambio. Durante enero y febrero yo vengo todas las semanas una vez por semana al Colegio para la parte administrativa y un grupo de pibes vino todas las semanas de enero y febrero para trabajar sobre la reforma. Por supuesto que empezaron con unos delirios hermosos y yo los fui bajando a tierra y les dije que ningún docente puede perder horas porque cuando pierdan una hora no hay cambio de plan de estudios posible… Cosas que tienen que ver con conocer cómo son las reglas de juego y la verdad es que ellos genuinamente querían cambiar el plan de estudios.

LGDBA: Tal vez el error en la estrategia estuvo en que el trabajo de los chicos se volcó en un documento que era una propuesta de plan de estudios y no en un texto que planteara cuatro o cinco ejes a partir de los cuales elaborar el plan de estudios con los docentes.

GZ: La política ahí se metió de por medio. Dijeron «esto es lo que quiere el rector a través de los pibes» y la verdad es que no funcionó de esa manera. Y ahí perdimos una oportunidad por ahí no de una reforma del plan de estudios, pero sí de pensar algunas cosas que se podían hacer aún con el viejo plan.

LGDBA: Otra característica de tu gestión fue la política de comunicación (la publicación de las cartas del rector, el uso de Twitter, etc.). ¿Eso lo fuiste planificando, improvisando, alguien te asesoró?

GZ: La primera semana, alguien que maneja redes sociales me dijo «no podés no tener Twitter». Yo nunca había aceptado tener Facebook; no me parecía que había que ventilar las cuestiones personales en una red social. Sí usaba correo electrónico en forma fluida, pero no me parecía que hubiera que exponerse en ese modo. Esta persona me dijo «no tenés por qué sacar Facebook; es un instrumento antiguo que usa la gente grande». Este personaje tenía entonces 30 años. Me dijo que si yo conducía una escuela secundaria con adolescentes tenía que comunicarme con ellos a través de una red que ellos usan. Si ven mi fecha de alta de Twitter es el 11 de febrero de 2011…

LGDBA: ¿Qué efectos tuvo en la gestión?

GZ: Tuvo muy buen efecto con los estudiantes y muy malo con los docentes. Hasta hoy me lo cobran. Antes había un foro del CNBA, pero mi Twitter reventó el foro en un año. Fue una batalla campal. El foro era un espacio donde vos podías criticar, insultar, al rector pero en el cual solo se regodeaban los propios participantes, de alguna manera. Twitter lo que tenía es que era para toda la humanidad. Entonces decirle algo al rector en Twitter tenía un efecto muy diferente al de hacerlo en el foro. El foro en un año estaba muerto, se dio de baja. Y Twitter me permitió evitar el 80 por ciento de los conflictos con los estudiantes. ¿Por qué? Porque los pibes avisan. Los pibes avisan y eso mismo fue lo contraproducente para los docentes. Las cartas son como la contracara de Twitter y de Instagram y empezaron a salir como una forma de sanear la situación con los docentes en la comunicación: mientras la inmensa mayoría de los pibes tenía Twitter y empezaban ya en ese momento a desconectarse del correo electrónico, lo primero que me criticaron los docentes fue que entraban al aula y se enteraban de que al día siguiente no había clases. Eso pasaba porque un pibe empezaba y preguntaba «¿es cierto que mañana no hay clases?». Entonces finalmente yo le contestaba «mañana hay clases» o «no, mañana no hay clases». Y mientras tanto la burocracia colegial avisaba jerárquicamente que no iba a haber clases. Pero el profesor se enteraba por su alumno que no había clases porque la burocracia colegial era lenta y sigue siendo lenta. Si uno usa la estrategia de ese mismo verticalismo y el rector le manda un mail a los tres vicerrectores para que cada vicerrector le mande un mail a los regentes y a los jefes de departamento, para que ellos les manden a los profesores y a los preceptores, para que los preceptores les avisen a los pibes, así no llegaba nunca la novedad. El Twitter online desde el banco sí lo permitía: «dice Zorzo que mañana no hay clases». Eso fue tremendo. Igual no me arrepiento para nada. El mecanismo de comunicación con los padres siguió siendo el correo electrónico. Para la puteada y para el halago; para ambas cosas. En Twitter cada tanto tengo un chisporroteo con algún adulto porque yo le contesto como si fuera un pibe. Ésa es una característica que alguien me señaló en la Facultad de Filosofía y Letras: yo uso mi Twitter como un correo; no comunico cosas: respondo preguntas. En mi correo electrónico vos me preguntás, yo te respondo, vos me volvés a repreguntar, yo te respondo. En el claustro los pibes me dicen «Chau Rector», «Buenos días, profe»; y en el Twitter me dicen, «Zorzoli» tal cosa y a veces me dicen «gordo puto» y yo los bloqueo. Me lo han confirmado muchos estudiantes: hoy la peor sanción del Colegio Nacional no son las amonestaciones sino que el rector te bloquee en Twitter. Ser bloqueado es que no te enteras qué pasa en el Colegio. Empecé a bloquear por los insultos; en los últimos tiempos tuve que bloquear cantidad de trolls que me atacaron ferozmente. El bloqueo es una herramienta disciplinaria maravillosa. Los pibes me paran en la puerta y me dicen «profe, por favor, desbloqueeme». Hubo algunas noches de desbloqueo: son las 12 de la noche y digo «en los próximos cinco minutos desbloqueo» y me empiezan a caer direcciones de Twitter a lo pavote. Un juego…

LGDBA: Con respecto a la cuestión de género, ¿no hubo indicios que como adultos docentes no supimos leer a tiempo como para poder acompañar mejor al conjunto de estudiantes?

GZ: La verdad es que no. Es un fenómeno bastante local. Nosotros lo vemos como algo muy generalizado en términos de nuestra población. Pero no es una cuestión que esté instalada en todas las escuelas secundarias de forma generalizada. Ayer estuve reunido con seis rectores de escuelas secundarias del Conurbano. Me reuní para transmitirles mi experiencia, todo lo que fuimos pasando, cómo lo pasamos. Es más: en más de una oportunidad los reté por ser binarios. En las escuelas públicas del conurbano las denuncias y los escraches no son un tema, como tampoco es un tema el pañuelo verde. No hay una situación como la que se plantea hoy acá. Yo pensaba que, si bien nosotros tenemos una situación de mucho conflicto, de mucha tensión, eso se reproducía -por ahí no con la envergadura que pasa en el Buenos Aires- en la generalidad de la adolescencia, y no es así. En esas escuelas públicas de clase media o con pibes más pobres, más vulnerables, no está instalada esta cuestión. No tienen denuncias, no tienen escraches. Lo que hablamos es cuánto tiempo va a tardar en llegar la ola verde a las escuelas en general. Yo creo que esto -siempre y cuando los medios de comunicación sigan sosteniendo esta política vinculada a la cuestión de género- va a alcanzar otros estratos sociales. Uno está como muy envuelto en el microclima del Colegio y cuando vas al afuera, esto no se reproduce de la misma manera. No quiere decir que no vaya a pasar, pero el efecto de la ola verde va a ir llegando más paulatinamente. Entre los docentes hay como una situación de dolor, de desconfianza, de malestar muy generalizado y se pueden ver parcialmente en alguno de los discursos de las chicas donde todo está focalizado y allí puesto. Eso va a haber que reconstituirlo; no va a ser un proceso corto. Después me preocupa el sistema de escrache como método aun cuando ya generamos herramientas institucionales para sustituirlo. Me parece que tiene que ver con los tiempos que corren, con una necesidad exacerbada de hacer público lo privado. Algo que no puedo lograr de decodificar es la denuncia entre pares menores de edad y sobre todo con chicos muy chicos.

LGDBA: ¿Qué evaluación hacés con respecto a la conferencia de prensa en la que hiciste referencia a una situación de abuso ocurrida durante una toma?

GZ: Lo que les puedo decir -porque poco puedo decir porque sigue el sumario abierto y tengo una restricción por resolución del Rectorado- es que en todo momento tuvo lo que se hizo fue supervisado por la Secretaría de Prensa de la Universidad y la Dirección de Derechos Humanos de la Univeridad. Más no les puedo decir.

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