Por: gzorzoli   -  En: Articulos   - 

Uno de los problemas más complejos que tienen hoy las escuelas secundarias -y no solo ellas- es cómo se conforman los grupos docentes de trabajo, en función de la construcción de un proyecto pedagógico sostenido en el tiempo. La primera dificultad que vamos a abordar es cómo acceden los docentes a los diferentes cargos. En este sentido las jurisdicciones del país cuentan con sistemas muy burocráticos, en los cuales intervienen directa o indirectamente los gremios docentes, para gestionar la cobertura de las horas cátedras o cargos disponibles en las escuelas. Si bien esos sistemas se han perfeccionado en los últimos años a través de los actos públicos y el uso de internet, dichas mejoras atienden en primer lugar a los derechos de los trabajadores docentes que están inscriptos en los listados y en segundo término a la disminución de horas libres para los alumnos, pero en ningún caso apuntan a consolidar un proyecto pedagógico. La cobertura de horas y cargos hoy es un hecho administrativo fortuito que depende de quienes se hayan inscripto en los listados y su disponibilidad horaria para tomar esos trabajos. Solo en casos excepcionales los docentes eligen una institución por lo que representa dicha escuela. La mayoría de las veces la toma de horas o cargos se lleva a cabo porque el docente quiere cambiar cargos de una escuela a otra, es decir asume las nuevas para dejar otras; incrementar sus horas de trabajo y en ese caso prioriza la cercanía de la nueva escuela con su domicilio o el de las otras escuelas donde ya trabaja o porque, sencillamente, son los únicos cargos que hay libres y debe trabajar más para incrementar su salario. Es claro que resulta imposible construir y desarrollar un proyecto pedagógico con docentes que entran y salen de la escuela sin ton ni son. Mucho se ha escrito sobre la necesidad de que los docentes concentren sus horas de trabajo en una o, a lo sumo, dos instituciones. Sin embargo, los mecanismos de acceso y permanencia en la docencia no privilegian estos criterios. Los docentes van y vienen por múltiples instituciones sin que sea posible amalgamarlos bajo un interés y compromiso común. Cuando no son los listados para interinatos y suplencias los que juegan un papel determinante, lo hacen los listados que permiten el acceso de esos mismos cargos como titulares -que finalmente dan permanencia y estabilidad docente-. Pero en ese caso es aún peor, porque aquellos que no hubieran tomado horas interinas en una escuela, si lo hacen como titulares en la misma porque necesitan acumular horas o cargos titulares estables en el tiempo. Tanto es así, que varios son los docentes que después de un año en la escuela donde han titularizado piden el traslado a otra. El ingreso, acumulación y permanencia en una escuela debería estar amarrado al proyecto pedagógico de la institución. En ese sentido, las escuelas tendrían que ser las que deciden quiénes son los docentes cuyo perfil es el más adecuado para llevar adelante ese proyecto. Una de las diferencias más importantes entre las escuelas públicas de gestión estatal por un lado y las escuelas públicas de gestión privada en conjunto con las escuelas preuniversitarias es justamente su facultad de elegir a los docentes de la escuela. Mientras las primeras se someten a la aleatoriedad, algunas de las otras, a través de diferentes mecanismos de selección eligen a aquellos docentes que pueden integrar no solo la institución, sino hacerse cargo del proyecto pedagógico que esta ostenta. Podrán discutirse cuáles deber ser los parámetros para la selección y quiénes deben ser los responsables de semejante tarea, pero es innegable que una institución autónoma se erige como una escuela potente que no puede, en todo caso, esgrimir pretextos vinculados con las características de sus docentes ante el fracaso, que es el fracaso de la escuela misma. En ese sentido, una escuela capaz de decidir se transforma en una institución responsable que puede transferir a todos los miembros de la comunidad educativa y en especial a sus estudiantes que esta capacidad de elegir conlleva consecuencias que deben asumirse. Hoy, la mayoría de los docentes ingresan a las escuelas públicas a través de listados que solo contemplan antecedentes profesionales: títulos, antigüedad en la docencia, cursos y talleres realizados, publicaciones, participación en jornadas, congresos, seminarios, atelieres, etc., etc., etcétera. Nada del ejercicio profesional en la propia u otra escuela se toma en cuenta. Este hecho no favorece que se fortalezcan los vínculos entre cada docente y la institución. Visto así podemos decir que nuestro sistema educativo desconoce el quehacer cotidiano del agente privilegiado del hecho educativo: el docente. Cuáles son los estímulos que la sociedad en general y la escuela en particular dan a este docente si da lo mismo comprometerse que no, respetar los acuerdos institucionales que no hacerlo, contribuir a planificar y desarrollar el proyecto pedagógico que ser indiferente al mismo.     Nadie niega que la formación, la capacitación, la especialización y la actualización de un docente sean centrales, pero esto es solo el punto de partida. Con eso no basta, es una condición necesaria, pero está muy lejos de ser suficiente para que la escuela cumpla sus objetivos y de cuenta de su responsabilidad social. Tan absurdo es el sistema educativo que obliga a los docentes a tomar horas cátedra por curso y año. Tomemos un ejemplo para aclarar lo antedicho. Una profesora en un acto público se hace cargo de 3 horas de Historia de 2do. año 3era. división del turno mañana de la Escuela Comercial N° 135 y, salvo que luego esas horas vayan a concurso, esa docente seguirá dando clases en ese curso y división, pues nadie puede cambiar su situación de revista; independiente de las múltiples razones pedagógicas que podrían aconsejar que sí lo haga. Por ejemplo, su especialización es en Historia de quinto año y no en la de segundo; que trabaja mucho mejor con adolescentes mayores como los de 5to año.; que tiene en la misma escuela ese solo segundo año y otros 5 terceros, lo que le implica invertir mucho más tiempo en la preparación de las clases para dos programas distintos, en desmedro de mejorar la planificación para los quintos; que sencillamente le gusta mucho más enseñar Historia de 5to. año que de 2do. Año y por eso lo hace con más entusiasmo; que no se lleva bien con ese curso, al que conoce bien porque hizo una suplencia el año anterior en primer año; que el horario de Historia de 2do. año 3era. división es espantoso, le deja horas libres sándwiches y le hace venir un día más a la escuela solo por dos horas de clase, etc., etc., etcétera. Acaso no sería más apropiado que un docente regularizara sus horas independientemente del curso y división al cual va a estar asignado. Todas estas trabas burocráticas se han ido instalando en las escuelas generando obstáculos en lo pedagógico. Su origen está vinculado a la supuesta defensa de los derechos de los trabajadores docentes. Nadie niega que la ampliación de estos derechos debe ser una preocupación y ocupación permanente de los sistemas educativos, lo que no significa que los mismos se erijan sobre las necesidades de la propia escuela y los derechos de sus actores primordiales: los estudiantes. Es claro que debe cambiar la forma de contratación de los docentes, que en su inmensa mayoría es por horas y pasar a un esquema de cargos, conformado por grupos de horas de acuerdo con la incidencia de la asignatura en el currículo de la escuela y las necesidades institucionales. Ya hay algunas viejas experiencias como el denominado ¨Proyecto 13¨ y otras que se están instalando en lo que se llama profesores por cargo. De todos modos, esto solo no resuelve los problemas de la escuela secundaria. El ¨Proyecto 13¨ demuestra lo que acabamos de afirmar. A lo largo de los últimos 40 años, las escuelas que adoptaron su estructura no han podido mostrar una mejora significativa en los índices de abandono, repitencia o graduación. En resumen, lo que estamos proponiendo es que las propias escuelas tomen el control del ingreso, la acumulación y permanencia de sus equipos en función del proyecto pedagógico que esta desarrolle. Ahora bien, este proyecto pedagógico requiere para su construcción y despliegue autonomía institucional. Sí, cada escuela debe ser capaz de diseñar una propuesta que contemple en primer lugar a los alumnos de esa escuela y para esto es necesario que tenga libertades para desarmar y volver armar el currículo que implementa. Esta libertad, claro está, pone en discusión los puestos de trabajo, pues si un taller o seminario pueden ser dados de baja -fundadamente por los responsables institucionales- habrá un docente que pierde una parte de su fuente de trabajo. Una tensión difícil de resolver en un sistema educativo muy acostumbrado a que nada cambie, y menos en lo que a estabilidad docente se refiere. Sin embargo, hoy la escuela necesita y mucho que estos docentes cumplan diferentes roles, más allá de la enseñanza y en ese aspecto su movilidad a otros espacios de trabajo institucional podrían ser la forma de resolver estos conflictos. La docencia debe comprender que la escuela tiene que convertirse en un espacio dinámico en la que lo esencial es que todos los adolescentes encuentren un espacio propio para aprender y finalizar sus estudios secundarios obligatorios.

Calendario
julio 2019
L M X J V S D
« May    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031