Por: gzorzoli   -  En: Articulos   -  Tags:         - 

Mi nieta diría: ME ABURRO. ME ABURRO. ME ABURRO. Sí, lo sabemos: la mitad de los jóvenes de 18 años solamente llegan a un título secundario en la Argentina. De la mitad que termina este nivel educativo, el 50 por ciento no comprende textos. Las evaluaciones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el último año de secundaria muestran que uno de cada dos tuvo dificultades en lectura. La evaluación de Finalización de Estudios Secundarios de Buenos Aires (FESBA) de 2013 -realizada a todos los alumnos de 5° y 6° año según la modalidad- registró que cerca del 43% estuvo en el nivel más bajo de lectura. La última prueba PISA -realizada por la OCDE en el año 2012- releva que entre los chicos de 15 años, más allá del año que estén cursando, el 54% estuvo por debajo del nivel dos en comprensión lectora, lo que significa la falta de dominio de las competencias mínimas para desenvolverse e integrarse productivamente. Dos de cada tres estudiantes no sabe Matemática. Entre los que no terminaron el secundario, la pobreza es el 45%. De cada 100 niños que entran a primer grado de la escuela primaria estatal van a terminar solo 28 el secundario. Todos estos datos, entre muchos otros son malos índices. Sí claro, aburre leer y escuchar por doquier lo mal que nos fue y nos va en las pruebas estandarizadas, cómo hemos empeorado en el ámbito educativo, la nostalgia de tiempos pasados supuestamente mejores, el desvelo por un futuro apocalíptico que somos incapaces de afrontar con políticas públicas concretas, posibles y de alto impacto. La lectura es un proceso que involucra diferentes aspectos y, entre estos, el relativo a la compresión. De acuerdo. Es necesario garantizar que todos -y cuando digo todos me refiero a todos y cada uno de nuestros estudiantes en la escuela secundaria- comprenda e interprete lo que lee. Sabemos que un lector construye sentidos y amerita que la escuela se posicione frente a este proceso. Enseñar a “leer” es brindar la posibilidad de “resemantizar” la realidad para insertarse en la sociedad, en la cultura y actuar críticamente. Y, como correlato, enseñar a escribir es la posibilidad de enseñar a pensar. Dos procesos que interpelan a la escuela misma.

¿Cómo logramos esto a corto plazo? Es necesario alcanzar un acuerdo generalizado entre toda la docencia y toda la sociedad civil para que nuestros jóvenes lean y si fuera necesario les leamos o pongamos a su disposición aquellos dispositivos que acompañen su proceso lector. Un primer paso enérgico sería acordar que durante un ciclo lectivo escolar (¿el próximo?), independientemente de la asignatura, taller, seminario o curso que dicte un profesor, toda la energía esté puesta en la lectura y comprensión lectora. No importa si se trata de Matemática, Historia, Biología o Música. En cada una de ellas es posible encontrar una colección de textos diversos que apunten a que nuestros estudiantes desarrollen su comprensión lectora. Quizás en el camino cada uno de los docentes pierda una corchea, una diferencia de cuadrados, un anticiclón o una molécula de dióxido de carbono, sin embargo habrán contribuido eficazmente a que los alumnos logren desarrollar esta capacidad fundamental para alcanzar cualquiera de los objetivos de la escuela secundaria: la construcción de ciudadanía plena, la preparación para el mundo del trabajo o la formación para la continuación de los estudios superiores. Estos acuerdos requerirían un fuerte trabajo de la docencia, capaz de resignar aquello que cree que es lo imprescindible de la materia que dicta, cuando a simple vista sabemos que no lo es, reflexionando críticamente sobre la praxis educativa y no corporativamente, apelando a lo cognitivo, lo metacognitivo y a las habilidades. Sí, probablemente se pierda la posibilidad de abordar algunos temas importantes en cada asignatura, pero si los alumnos no pueden comprender textos, ¿efectivamente lograrán aprender esos o cualquier otro tema? Para alcanzar un efecto casi universal, sería necesario que se diseñen materiales en diferentes soportes que lleguen a los más recónditos lugares de nuestro país y una capacitación masiva a todos los docentes -sobre todo a aquellos que no están titulados y que ejercen de todas formas la docencia- acerca de cómo usar estos materiales. Resulta importante señalar que estos materiales no tendrían que ser únicos y deberían estar contextualizados a las zonas y regionalismos para su aplicación. Este proyecto merecería ser evaluado globalmente para apreciar cuantitativa y cualitativamente los efectos transformadores que se logren. Estrategias similares podrían aplicarse para desarrollar la lectura y la escritura en general o el pensamiento matemático. Un proyecto que, a la vez nos aúne a todos detrás de una meta clara, que quizás pueda parecer poca cosa, pero que tendría un efecto dominó en el futuro aprendizaje de nuestros estudiantes en todas las asignaturas. Y con una docencia que ponga su mirada en esa diversa variedad de alumnos.

Calendario
septiembre 2019
L M X J V S D
« May    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30